LA LECHE

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Si bien todos sabemos que la leche es un producto líquido de origen animal, también conocemos que hay posturas defensoras y posturas detractoras respeto a su consumo.


Hacer algunas afirmaciones a favor, podría incomodar a algunas personas. Y en cambio, dejar de exponer el tema como tal podría ofender a otras. Trataremos de hablar de ello con el máximo respeto a todos.


Los alimentos son sustancias nutritivas que ingerimos para mantener nuestras funciones vitales. Pero, sobre todo en las personas, los alimentos no son solamente materia orgánica, sino que están estrechamente unidos a un mundo de sensaciones, costumbres, hábitos y necesidades. La función de un alimento, aparte de nutrirnos, también debería ser la de aportarnos bienestar.

La leche de vaca y de otros mamíferos

La leche de vaca, como es la más consumida, se acordó designarla con el nombre genérico. En las demás leches se tiene que especificar el nombre del animal al que corresponda: leche de cabra, leche de oveja, leche de búfala…
Desde la antigüedad, la mayoría de pueblos y culturas aprovecharon la leche de distintos mamíferos y aprendieron a conservarla y a elaborar sus derivados. De una forma u otra la leche se convirtió en un alimento consumido por todo el mundo, aunque no de la misma manera ni con la misma intensidad y frecuencia. El consumo de leche en algunas zonas del planeta fue una cuestión de adaptación y supervivencia, en otras zonas, su desarrollo se intensificó por la expansión de la ganadería.


Este hecho probablemente explica por qué hay zonas en las que la intolerancia a la leche es muy alta y otras en las que su consumo no provoca tantos problemas. Actualmente está documentado que los países nórdicos europeos (tradicionalmente ganaderos desde hace siglos) tienen una tasa de intolerancia a la leche mucho menor que en los países asiáticos, africanos, afroamericanos e hispanos.

La intolerancia a la leche (lactosa).

La leche está considerada un alimento muy completo, pero para las personas que no pueden digerir todos sus nutrientes deja de serlo. No hay ningún alimento que sea imprescindible, y la cantidad de leche a consumir debería estar sujeta a la edad y al conjunto de la dieta.


Algunas personas prefieren escoger una alimentación libre de lácteos por decisión propia y otras por necesidad. La intolerancia a la lactosa suele ser el motivo principal por el cual no pueden consumir leche. La intolerancia a la lactosa es la incapacidad que tiene el organismo para digerir este azúcar. La lactosa es un disacárido natural compuesto de glucosa y galactosa. La ausencia o unos niveles bajos del enzima (lactasa) en el intestino delgado provocan la intolerancia, ya que la lactosa no se puede “romper” para ser absorbida. Los síntomas típicos de la intolerancia a la lactosa son las náuseas, flatulencias, diarreas, dolores abdominales…


Las personas intolerantes a la lactosa admiten mejor los productos fermentados, como el yogur, el kéfir, el queso curado y las bebidas fermentadas. Esto sucede porque parte o todo el contenido de lactosa se ha descompuesto en el proceso de fermentación. La ventaja de estos alimentos es que ya están pre digeridos, conservan todos los nutrientes de la leche y suelen ser muy sabrosos, aunque hay que tener en cuenta la cantidad de sal y la materia grasa que presentan algunos de ellos como por ejemplo, los quesos.
Para las personas que toleran perfectamente los lácteos, les gusta su sabor y disfrutan del momento de consumirlos, la leche es un alimento práctico y suficientemente nutritivo: en su composición encontramos agua, proteínas, grasas, vitaminas, hidratos de carbono y sales minerales.


El mercado ofrece una amplia gama de leches:
- Leche pasteurizada (leche fresca).
- Leche esterilizada.
- Leche uperizada (UHT)
- Leche en polvo.
- Leche condensada.


Cabe destacar que la industria láctea, en función de las necesidades de los individuos, ha modificado, enriquecido y/o transformado la leche como tal, para ofrecer más posibilidades a la hora de escoger. De esta forma podemos encontrar leche sin lactosa, leches enriquecidas con vitaminas y minerales, leches desnatadas y semidesnatadas, preparados lácteos para las distintas edades…


También podemos disponer de todos los derivados lácteos, por ejemplo, la grandísima oferta de yogures, flanes, cuajadas, cremas, batidos, quesos… A veces, pero, tanta información visual en las estanterías de los supermercados nos puede confundir. No es aconsejable, por ejemplo, que desayunemos con un tazón de leche, luego al mediodía nos tomemos un bocadillo de queso, en el almuerzo un flan de postre y a media tarde un yogur de sabores. En este caso tan exagerado, no nos estaríamos alimentando bien y el equilibrio nutricional al final del día se vería afectado, un exceso de lácteos tampoco es bueno.


La variedad, la calidad y la cantidad de alimentos que escojamos para nuestra alimentación repercutirán significativamente en nuestra salud. Por ello, consumir todo tipo de alimentos con su justa medida y acorde a nuestras necesidades físicas y emocionales, es probablemente la mejor opción. Escuchar a nuestro cuerpo hará que cada uno de nosotros sepamos lo que mejor nos sienta

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