ACEITE DE COCO

POR Núria Ripoll Blanch, Técnica dietista

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En una alimentación natural y equilibrada, los lípidos deberían constituir aproximadamente entre el 25% y el 30% de los macronutrientes que nuestro cuerpo necesita para desarrollar correctamente muchas de sus funciones.
Hay distintos tipos de lípidos según su naturaleza; se consideran lípidos los aceites y las grasas de origen vegetal y animal.

El aceite de coco o grasa de coco y el aceite de semillas de sésamo por ejemplo son lípidos de origen vegetal que contienen ácidos grasos, algunos saturados y otros insaturados y en su justa medida los dos pueden ser consumidos en la alimentación cuotidiana.

Funciones de los lípidos:
- Actúan como reserva energética.
- Forman parte de las membranas celulares.
- Son indispensables para el crecimiento y regeneración de los tejidos.
- Aportan ácidos grasos esenciales que el organismo por si solo no puede sintetizar.
- Actúan como vehículos de las vitaminas liposolubles (A, D, E, K).
- Son necesarios para la síntesis de sales biliares y hormonas.
- Actúan como aislantes térmicos y ayudan a mantener la temperatura corporal.

En general los aceites aportan cantidades significativas de dos tipos de nutrientes: grasas y vitamina E. Cada gramo de grasa aporta 9 Kcal, esto quiere decir que el valor calórico de los aceites es muy alto aunque no por ello se deben suprimir ya que con la justa medida son necesarios para el organismo. Los aceites como todas las grasas contribuyen al transporte de las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) y favorecen su absorción.

La parte del fruto usada para elaborar el aceite de coco es la pulpa blanca que hay en el interior de la semilla conocida como COPRA. El aceite o grasa de coco es muy estable incluso en altas temperaturas.
Su elevado contenido en ácidos grasos saturados de cadena media como el ácido láurico, el ácido mirístico y el ácido palmítico, lo hace fácilmente digerible, y muy recomendable en caso de enfermedades pancreáticas o intestinales. A temperatura ambiente es poco fluido, por esto también se llama manteca de coco.
De todos los aceites vegetales es el más rico en ácidos grasos saturados aunque consumido moderadamente no hace que aumente el nivel de colesterol tanto como si consumiéramos grasas animales.

Escoger aceite de coco de cultivo ecológico nos asegura un aporte de nutrientes de calidad y una gestión medioambiental del producto de origen respetuosa con la naturaleza.

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